el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.
Alejandra Pizarnik
Mas aquela brotara um día de um grão trazido não se sabe de onde e o principezinho vigiara de perto o pequeno broto tão diferente dos outros....
Hoy consideraba la condición subjetiva de los días domingos. De todo se podría decir hasta estadísticamente (suicidios, número de visitantes de parques y shoppings, etc.) hablando de aquellos días que por alguna razón del azar, son soleados. Para mi son días sin ritmo, pero necesarios. Decidí entonces caminar un poco la "ciudad" y pasar la noche de domingo con humanos (es bueno aclarar que no quiero decir que mi gato Onetti no sea buena compañia). Nada nuevo bajo el sol, o mejor bajo la luna. En mi mente, remembranzas, las de todos los días, pero elevadas a la n potencia. Al llegar al Café Makú, en el centro de la "ciudad" me puse a leer un librito que me regaló Leonardo de Carlos Drummond de Andrade cuidado religiosamente (hablando de los días domingo). En el me encontré el siguiente texto que quiero compartir con mis muy numerosos lectores (para la época creo que la única que me lee soy yo):
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Un hombre al sur llora y canta....
El ritmo antológico de los pasos
Sollozan sobre mí enfurecidos
Transitando discontinuos por Florida y Lavalle
En discordia con todo lo sagrado,
Con la calma del piano de mi melancolía,
Que me arroja al mundo,
Invisible, anónima, autómata,
Simulando tranquilidad,
Fingiendo levedad,
Mientras las miradas no interrogan,
No se detienen los espejos,
La calle se ausenta ante mi presencia.
Y el violín me expulsa a mi violencia,
Y me presenció, lo increpó, lo pregonó,
Abandonar la muerte con la muerte misma
De mis fonemas y mis ruidos,
Se apagan al nacer en un solo grito,
Cesan los tiempos objetivos,
Descansan en la intensidad de mis plegarias,
En esa histeria de lo que paralizado estaba,
En esa hostilidad frenética de los incomensurables.
Tautológicamente los recuerdos emergen,
Mientras me observan desafiantes
Los que por mi lado pasan,
Vuelve la calma.
Sobrevivo a la partitura fluctuante
En deuda con mis divagaciones
Interpelo la necesidad imperante de sentirme viva,
Lo escucho en mi latido acompasado,
En mi sonrisa delatante,
En mi presencia renovada,
Estoy lista nuevamente a aventurarme,
A jugarme la vida entre las solas calles,
De esta Buenos Aires desconsolada.
Kelly Peña


El tiempo permanece atrapado
Entre los libros.
Por este prodigio de aprehensión,
Heráclito sigue bañándose
En el mismo río,
En la misma página.
Tú seguirás para siempre
Desnuda en mi poema.
Juan Manuel Roca
(Recuerdo todavía cuando serví su whisky... cuando añoré en la mesa contigua del café que ese poeta que acaban de leer, mirara en mis ojos la soledad que poseo, para que llegará al anocher de su vida a escribir la simplicidad de mi mundo enamorado de la vida)
Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa.e você amalucada vida
e você a minha consentida
e você desnorteada briga
e você a minha perdição
eu não sei dormir sem a tua companhia
eu não sei voar sem vocês a meu lado
procurar um lugar tão buscado
vou beber vou rir vou jantar
e você amalucada briga
e você e você e você
eu não sei dormir sem a tua companhia
eu não sei voar sem vocês a meu lado
procurar um lugar tão buscado
vou perder vou ganhar e tentar
e você amalucada vida
e você e você e você
eu não sei dormir
eu não sei voar.
Usted llegó esa noche solitaria. Entró a ese sitio donde la música se sintonizaba con el lúgubre ambiente, con la cara de los presentes. Él, por alguna razón todavía desconocida, brillaba en medio de esa penumbra. Usted lo creía así, usted lo sintió así. Sabía muy claramente porque estaba ahí, sabía que era necesario, que era ineludible. Caminó, bebió una copa de vino, dejó la copa en la barra mientras la dueña del café le ofrecía otro cortesía de la casa. Usted se sentía insegura, divagaba. Poco a poco todos comenzaron a irse. Él la miraba cauteloso, como indagante. Usted se notaba nerviosa, lo intentaba ocultar cuando hablaba con la barman. Tomó nuevamente su copa. Usted sabía que ese movimiento ya se había convertido en una acción mecánica que delataba su temor. Usted no podía ocultar nada. Se van todos, está usted frente a frente, hablando, balbuceando temerosa. Él le habla cada vez más cerca. Usted lo besa. Usted lo ama. Él es el objeto de su deseo. Él le enseña a volar. (Suena al fondo la Balada para un loco de Piazzolla, "las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? salís de tu casa por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos....")